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Conferencia sobre el Día de la Reforma, 31 de Octubre de 2007, 19h30
en la Iglesia Evangélica Luterana “El Adviento” en Quito
por OKR Dr. Rüdiger Schloz, Pastor de la Congregación de habla alemana
I. (Lo que nos separa)
El 31 de Octubre se conmemora el aniversario de la Reforma, ya que según datos señalados por Melanchton, en esa fecha fue cuando Martín Lutero clavó las 95 tesis en la puerta de la Iglesia del castillo de Wittenberg. Algo que se ha puesto en duda es si este dato es históricamente verídico; yo considero que lo atestiguado por Melanchton en su prólogo del segundo tomo del “Compendio de Obras” de Lutero en 1546 es correcto. Lo que sí es indudable es que las 95 tesis con las que Lutero pretendió emprender una discusión teológica en lo concerniente a la práctica de las indulgencias, fueron la gota que hizo desbordar el vaso con el consecuente inicio de la Reforma en Alemania.
Con un ingenioso sistema de tasas, impuestos, de donativos hasta cierto punto voluntarios y finalmente a través de derechos concernientes a la obtención de indulgencias, era como antes se intentaba llenar las arcas de la curia en Roma, que cada vez con mayor frecuencia se quedaban vacías, mientras la construcción del Domo de San Pedro devoraba sumas extraordinarias. El arzobispo Albrecht de Maguncia, Magdeburgo y Halberstadt hizo desterrar por medio del padre Dominico Johannes Tetzel la “indulgencia total” convocada por el Papa Julio II para la nueva edificación de la Iglesia de San Pedro. La mitad de la suma recaudada por concepto de la “venta de indulgencias” la podía utilizar Albrecht de Maguncia para pagar un préstamo de 29.000 florines de oro que éste había realizado para comprar el arzobispado de Maguncia y los obispados de Magdeburgo y de Halberstadt a Roma.
A Lutero no solamente le molestaba de sobremanera la actividad “mercantil” agresiva que denotaba Tetzel y la forma de amedrentar a las personas a través de la descripción amenazante de castigos infernales. Él veía en las indulgencias en sí una estructura imposible de mantener desde el punto de vista teológico. Él pone énfasis correspondientemente al tema en la primera de sus tesis o proposiciones referentes al valor de las indulgencias: “Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: ‘Haced penitencia… etc.’, quiso que toda la vida del creyente fuera penitencia (nada más que penitencia)”. Esto lo enuncia más explícitamente en las tesis 2-4. El Papa no puede remitir culpa alguna, salvo aquella que él mismo ha impuesto, sea por su arbitrio, sea por conformidad a los cánones (tesis 5-8). Su potestad de castigo eclesiástico tiene su límite en la muerte (tesis 8-13). El Papa no tiene poder sobre los castigos que llevan al purgatorio (tesis 14-29) y no puede otorgar a los vivos indulgencia alguna, ya que el verdaderamente arrepentido tiene derecho al perdón de todos sus pecados y a la remisión plenaria de todas las penas divinas aún sin carta de indulgencias, sólo basándose en la fe en la justicia de Cristo que justifica a sus seguidores y seguidoras (tesis 36-40).
La técnica de la imprenta definitivamente mejorada por Johannes Gutenberg se había extendido con rapidez y posibilitaba una amplia distribución de las tesis, lo cual desencadenó un alud de posiciones a favor y en contra. Lutero redactó desde enero hasta mayo de 1518 un extenso comentario en latín en lo referente a las tesis y publicó a finales de marzo del mismo año su “Sermón de las indulgencias y la Gracia” en el cual rechazaba expresamente y en forma definitiva la práctica de la “venta de indulgencias”.
Mientras esto sucedía, ya tanto los Dominicos como el arzobispo Albrecht de Maguncia lo habían denunciado oficialmente en Roma. Los enfrentamientos se extendieron con rapidez hacia otras áreas teológicas. El General de la orden a la que pertenecía Lutero (en Roma) quería arreglar el enfrentamiento relacionado a la “venta” de indulgencias por la vía de una disputa teológica y encargó al vicario general de la Orden de los Augustinos-Eremitas, Johannes von Staupitz, quien era director espiritual y amigo de Lutero, además de su Superior, reprenderlo al respecto y hacer que justifique lo actuado desde el punto de vista teológico. Staupitz obedeció este mandato pidiendo a Lutero que presentara su nueva teología fundamentando la crítica a las indulgencias en la Asamblea General de los Augustinos-Eremitas alemanes que se llevaría a cabo el 26 de abril de 1518 (milquinientos dieciocho) en Heidelberg. De esta manera se llegó a la llamada “Controversia de Heidelberg”, en la que Lutero presentó por primera vez en forma resumida el programa reformista de su teología de Wittenberg en una universidad fuera de la región de Sajonia. Es a partir de ese acontecimiento que la Reforma inició su desarrollo.
El momento crucial, la controversia generada acerca de la “venta de indulgencias”, naturalmente era sólo la punta del eisberg, y con frecuencia se piensa que en este caso se trataba solamente de una controversia acaecida en la Edad Media, que también la Iglesia Católica pronto logró resolver. Pero no es así la cuestión. Principalmente el negocio relacionado con la “venta de la salvación”, el llamado fiscalismo, ha sido bien conservado en el catolicismo a lo largo de 400 años. Quiero citar una escena tomada de una novela ecuatoriana publicada en 1934, es decir hace 73 años, de Huasipungo de Jorge Icaza.
La mujer quichua Cunshi a causa del hambre ha desenterrado, junto con otros, un buey en avanzado estado de descomposición, ha puesto la carne al fuego y la ha comido, sucumbiendo a la muerte a causa de la intoxicación, bajo sufrimiento de terribles dolores. Andrés, su marido, va a buscar al párroco para hablar sobre la misa y la sepultura: “Ahura viniendu, pes, el pobre natural a ver cuántu ha de pedir su mercé pur misa, pur responsus, pur entierru, por todu mismu.” (...) “Ven… Ven conmigo… La misa y los responsos es cosa corriente. Pero lo de la sepultura tienes que ver lo que más te guste, lo que más te convenga, lo que estás dispuesto a pagar. En eso tienes plena libertad. Absoluta libertad – murmuró jovial el sacerdote.” (...) “Ahora bien. Éstos ... Los que se entierran aquí, en las primeras filas, como están más cerca del altar mayor, más cerca de las oraciones, y desde luego más cerca de Nuestro Señor Sacramentado – el fraile se sacó el bonete con mecánico movimiento e hizo una mística reverencia de caída de ojos -, son los que van más pronto al cielo… son los que generalmente se salvan. Bueno... ¡De aquí al cielo no hay más que un pasito!” (...) Luego el cura hizo una pausa, observó al indio – el cual se mostraba tímido, absorto y humillado ante cosa tan extraordinaria para su pobre mujer -, avanzó por un pequeño sendero y continuó un sermón ante las cruces de las tumbas que se leventaban en la mitad del camposanto:
“Estas cruces de palo sin pintar son todas de cholos e indios pobres. Como tú puedes comprender perfectamente, están un poco alejadas del santuario, y los rezos llegan a veces, a veces no. La misericordia de Dios, que es infinita – el cura hizo otra reverencia y otro saludo con el bonete y con los ojos -, les tiene a estos infelices destinados al purgatorio. Tú, mi querido Chiliquinga, sabes, lo que son las torturas del purgatorio. Son peores que las del infierno.”
Al notar el religioso que el indio bajaba los ojos como si tuviera vergüenza de que la mercadería factible a sus posibilidades sea tratada mal, el buen ministro de Dios se apresuró a consolar: - Pero no por eso las almas dejan de salvarse en estas tumbas. Algún día será. (...) avanzó unos pasos para luego afirmar poniéndose serio, seriedad de voz y gesto apocalípticos: - Y por último... Interrumpió su discurso el sotanudo al ver que el indio se metía por unas tumbas mal cuidadas, derruidas, cubiertas de musgo húmedo y líquenes grises.
– ¡No avances más por allí! – gritó.
- ¡Jesús, taiticu!
- ¿Acaso no percibes un olor extraño? ¿Algo fétido? ¿Algo azufrado?
- Nu, su mercé – respondió Chiliquinga después de oler hacia todos los lados.
- ¡Ah! Es que no estás en gracia de Dios. Y quien no está en gracia de Dios no puede ...
El indio sintió un peso sombrio que le robaba las fuerzas. Con torpes y temblorosos movimientos se dedicó a hacer girar su sombrero entre las manos. Mientras el señor cura, con mirada de desdén y asco, señalando hacia el rincón del cementerio, donde no se veían sino cruces apolilladas ...
- Allí ... Los distantes, los olvidados, los réprobos (...)
Como si la palabra le quemara la boca, el cura terminó en un grito:
- ... ¡Infierno!
Preparado el cliente, el sotanudo entró de lleno a hablar de la cuestión económica.
- Ahora... Claro... Como tú te has portado siempre servicial conmigo, te voy a cobrar baratico. Diferencia que no hago con nadie. Por la misa, los responsos y el entierro en la primera fila te cobraría solamente treinta y cinco sucres. ¡Regalado! En las tumbas de la mitad, que creo serán las que te convengan, te costaría veinticinco sucres.
- ¿Y...?
- ¡Ah! En las últimas, donde sólo habitan los demonios, cinco sucres. Cosa que no te aconsejaría ni estando loco. Preferible dejar a la longa sin sepultura. Pero como es obra de caridad enterrar a los muertos, hay que hacerlo. (...)
- Fíjate antes de hablar. (...) ¿Qué son treinta y cinco sucres en comparación de la vida eterna? ¡Una miseria! ¿Qué son veinticinco sucres en la esperanza de las almas?”
Andrés entonces termina decidiéndose por las primeras filas, pero pide al párroco que le permita pagar el valor con trabajo, ya que naturalmente no cuenta con dinero alguno. Él está dispuesto a hacer todo por el párroco, pero éste le responde negativamente, diciendo:
- “¡No! ¡Imposible!
- ¿Entrar al cielo al fío? (...) No se puede. Eso es una estupidez. Mezclar las burdas transacciones terrenales con las cosas celestiales. ¡Dios mío! ¿Qué es lo que oigo? ¿Qué ofensa tratan de inferirte, Señor?
- ¿Qué respondes, entonces? Treinta y cinco, veinticinco. (...) En el otro mundo todo es al contado.
- Así será, pes. Vuy a conseguir platita, pes, entonces. Ojalá Taita Dius ayude, pes.
- Tienes que sacarte de donde quiera. La salvación del alma es lo primero. El alma de un ser querido. De la pobre Cunshi. Tan buena que era. Tan servicial... – opinó el párroco presentando una cara compungida y lanzando un profundo suspiro”.
Al citar este texto de Jorge Icaza no es mi intención avergonzar a la Iglesia Católica. Al comprobar mediante este ejemplo tomado del Siglo XX que el fiscalismo no fue un momento controvertido de época sucedido en el Siglo XVI, a partir del cual inició realmente la Reforma, quiero poner énfasis en el hecho de que actitudes de este tipo, que seguramente todos consideramos dudosas, se encuentran profundamente enraizadas en el concepto eclesiástico católico. La Iglesia Católica posee, de acuerdo a su
auto-entendimiento, el tesoro de la gracia y puede administrarlo, incluso para utilidad de la iglesia misma. Esto es lo que verdaderamente separa al catolicismo romano del protestantismo – como también de la ortodoxia. El gran cisma en el año 1054, la ruptura entre la iglesia romana y la bizantina, se desarrolló justamente en la misma línea divisoria, la exigencia de Roma de ejercer la función esencial, la función relativa a la representación de Cristo en la tierra.
II. (Lo que nos une)
Pero antes de referirme a las diferencias de efecto profundo existentes en la comprensión de la iglesia, quiero hacerles notar y poner énfasis en que mucho más de lo que separa a las iglesias, las une.
• Esto es primeramente la creencia en la Trinidad de Dios, que se encuentra testimoniada en la Biblia hebrea como el Creador del mundo y Dios de Israel, en el Nuevo Testamento en la persona de Jesús de Nazareth como el Cristo redentor y a través de su presencia perdurable como Espíritu Santo.
• Las iglesias también se encuentran unidas en la interpretación de la Biblia como la Palabra de Dios en textos redactados por hombres.
• La iglesia romana y las iglesias reformistas también están de acuerdo en cuanto al significado del Santo Bautizo. Ambas iglesias están de acuerdo en la creencia de que en el Santo Bautizo el Espíritu Santo y la Gracia de Dios ingresan dentro de cada uno de nosotros. Por ello también las diferentes confesiones reconocen mutuamente el bautizo realizado con el signo del agua en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
• Pese a todas las diferencias a las que haré referencia más adelante, fundamentalmente existe un acuerdo en cuanto a la comprensión de que al participar de la Santa Cena, Cristo está presente en las palabras y en los signos de pan y vino y que se nos entrega, creando comunión entre nosotros.
• Tanto la iglesia católico-romana como la evangélica aceptan como creencia cristiana común que Dios nos ama y nos acepta a pesar del pecado; es decir, aunque nos alejamos de Él o nos rebelamos en su contra.
• Nos unen las confesiones de la Vieja Iglesia, el Credo Apostólico, el Credo Nicäno-Constantinopolitano y la Confesión de Fe de Atanasio.
• Nos unen también la celebración del domingo como día semanal de recordación de la resurrección de Cristo y de varios días feriados en común dentro del año eclesiástico.
• Incluso muchos cantos religiosos son comunes a ambas iglesias y tienen un efecto relacionador – tanto himnos pre-reformistas como secuencias, que en la iglesia alemana tuvieron una influencia idiomática y que en la misa católica fueron transmitidos en parte en latín y en parte también en forma de traducciones. Muchos de los cantos religiosos evangélicos han encontrado cabida también en las misas católicas. Y debido al extraordinario éxito del canto religioso evangélico con el tiempo en la iglesia católica, junto a las obras corales gregorianas, se ha instituido una cultura de la canción eclesiástica, de la cual a su vez el protestantismo ha participado.
• Finalmente une o relaciona a las confesiones su disposición para actuar y trabajar en diversos ámbitos como lo son: la justicia social, la paz y la preservación de la creación. La obra diacónica de la iglesia evangélica y “Caritas” de origen católico trabajan en Alemania en forma paralela y en varias áreas incluso en común; “Brot für die Welt” (“Pan para el Mundo”), “Misereor” y “Adveniat” aúnan esfuerzos para los países en vías de desarrollo; en muchos de los casos el trabajo se realiza de manera ecuménica. Un bello ejemplo es la unidad de trabajo ecuménica que desarrolla su labor en Erftstadt-Lechenich en las cercanías de Bonn, que financia en un 90% la obra llamada “Talita Kumi”, desarrollada en Quito y en Tumbaco y que tiene como objetivo principal apoyar a jóvenes madres solteras y sus niños.
III. (La differencia esencial)
En la contraposición evangélico-católica no sólo se trata de diferencias en obras didácticas, en enseñanzas aisladas o de diferencias externas; aunque hay que ver claramente que luego de la separación entre las creencias religiosas en el Siglo XVI, se han ido formando y desarrollando culturas religiosas de muy diversa índole. Se podría decir que las religiones se han ido separando respectivamente delimitando unas de otras cada vez más conscientemente y las características de diferenciación se han solidificado y han ganado una significación irracional. Un ejemplo es el persignarse. Lutero mantuvo este gesto con toda naturalidad, sugiriéndolo por ejemplo en la introducción a la bendición por las mañanas y las noches:
“ Por la mañana, apenas hayas abandonado el lecho puedes bendecirte con el signo de la Santa Cruz, dirás así: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Entonces, puesto de pie o de rodillas, dirás el Credo y el Padrenuestro. Si quieres, puedes orar brevemente así:
‘Te doy gracias, Padre celestial, por medio de Jesucristo, tu amado Hijo, porque me has protegido durante la noche de todo mal y peligro, y te ruego también que me preserves y me guardes de pecado y de todo mal en este día, para que en todos mis pensamientos, palabras y obras te pueda servir y agradar. En tus manos encomiendo el cuerpo, el alma y todo lo que es mío. Tu santo ángel me acompañe para que el maligno no tenga ningún poder sobre mí. Amén.’ Te dirigirás entonces con gozo a tu trabajo, entonando un himno o recitando o lo que tu corazón te dicte. ”
De forma interesante esta frase “puedes bendecirte con el signo de la Santa Cruz” ha sido suprimida en la traducción al español del “Pequeño Catecismo”, obra de la cual he tomado la cita !Se ha llevado la delimitación confesional hasta una simbología tal, que realmente no tiene ni lo más mínimo que ver con la contraposición religiosa en sí ! Es mi opinión personal que en señal de la práctica ecuménica nosotros haríamos bien en recalcar nuevamente con mayor fuerza lo que tenemos en común, incluso en actos como éstos. Al protestantismo le aqueja una desvalorización de todos los signos, símbolos, imágenes y gestos experimentables de manera sensorial. Esto con frecuencia se lo interpreta como exangüe y “demasiado racional”. Es por ello que yo abogo por una reanudación, sin prejuicios, del sentir y obrar mediante signos y señales que sean capaces de ser experimentados de manera sensorial tanto en la liturgia como en la práctica de fe personal. El espíritu puro se evapora con facilidad. El judaísmo pudo sobrevivir 2000 años en la diáspora sólo porque se sostuvo férreamente en las prácticas rituales a él transmitidas. Incluso en familias judías liberales se celebra el “Sabbat”, el “Sederabend”, una cena ritual llevada a cabo a principios de la Pascua, el “Jom Kippur”, el “Día de la Reconciliación”. Ritos tienen un efecto estabilizador, brindan apoyo. El protestantismo no es más propenso a la secularización que el catolicismo a causa de su doctrina y convencimientos fundamentales, como se lo puede observar en forma similar comparativamente entre Alemania Oriental y Polonia bajo el efecto del comunismo ateo; sino es más susceptible principalmente a causa de su déficit de comprensión a nivel sensorial!
La Reforma con su cuádruple versión de “Sólo” ha marcado las diferencias con la iglesia romana: “Solus Christus”, “sola scriptura”, “sola gratia”, “sola fide”: Sólo Cristo, sólo la Sagrada Escritura, sólo por la Gracia y sólo por medio de la fe. Por todos estos cuatro puntos diferenciales atraviesa a manera de un hilo o una línea roja, una división fundamental. La separación básica entre la iglesia evangélica y la católica se relaciona con la comprensión de la iglesia como tal, entendimiento del cual luego también se deriva una diferenciada forma de ver la función espiritual dentro del sacerdocio o la práctica pastoral.
En la iglesia católica es la fe de la iglesia la que se encuentra en una posición central. Es la iglesia la que cree. Creer significa creer conjuntamente con la iglesia. Cada uno/una de los/las creyentes recibe y profesa su fe dentro de la comunidad eclesiástica y depende en lo referente a la obediencia religiosa de aquello que la iglesia obligatoriamente proclama como fe cristiana a través de su infalible magisterio, el Papa como última instancia.
En la iglesia evangélica, en cambio, lo esencial es la fe de cada uno/cada una en particular. Esta fe también se origina en la comunidad eclesiástica a través de escuchar la palabra de Dios. Pero la seguridad de la fe evangélica se refiere directa y exclusivamente al evangelio de Cristo, a la confirmación de la salvación y de la gracia expresada en el sermón. La proclamación de este evangelio nunca se pone de manifiesto en la doctrina eclesiástica, en dogmas o confesiones, razón por la cual las iglesias evangélicas no exigen tener derecho a la verdad absoluta y a la autoridad. No reconocen una instancia terrenal que gracias a un “sentido sobrenatural de fe” pudiera hablar sin temor a equivocarse para todos los fieles y a nombre de Dios, como se encuentra formulado en el Segundo Concilio Vaticano.
En éste, en la Constitución No. 10 de la revelación se expresa: “La tarea de explicar en firme la palabra de Dios, ya sea escrita o transmitida, es confiada sólo al magisterio viviente de la iglesia, cuyo poder es ejercido en nombre de Jesucristo.(…) De esta manera se prueba que la Santa transmisión, la Sagrada Escritura y el Magisterio están enlazados y unidos entre sí acorde al sabio designio de Dios de tal manera, que ninguno de ellos puede existir sin los otros y que todos en conjunto, cada uno a su manera, sirven efectivamente a la salvación de las almas a través del hacer del único Espíritu Santo.”
Para la fe católica es característico que la palabra de Dios sea explicada con obligatoriedad a través de dogmas y que cada uno de los/las creyentes acepte esta doctrina dentro de su obediencia religiosa. Las iglesias evangélicas en cambio, no creen en que instancia alguna de tipo humano o eclesiástico tiene la potestad de hacer declaraciones inequívocas e infalibles sobre la fe. La doctrina evangélica se manifiesta principalmente en el sermón y en clases, situaciones en las cuales se remite a la Sagrada Escritura. Aquí viene al encuentro a través de la obra del Espíritu Santo la palabra de Dios “viviente”. Esto causa que la fe de las personas se presente en calidad de confianza personal en Dios, como una seguridad de que Dios nos ama.
En la iglesia católica la fe es un tesoro, el cual puede ser utilizado, administrado, interpretado, incluso puede ser desarrollado más allá, como sucede por ejemplo en el dogma de la infalibilidad del Papa en lo concerniente a decisiones doctrinales o en el dogma de María. A decir de la concepción evangélica, en contraposición, no se puede disponer de la fe; ésta es un regalo del Espíritu Santo, que flota “ubi et quando visum est Deo” – cómo y dónde a Dios le complace. El teólogo sueco Per Erich Persson lleva esta “contradicción fundamental” al siguiente denominador común: “Mientras los reformistas relacionan la obra del Espíritu Santo con la palabra proclamada, con el mismo evangelio, se puede encontrar en la teología católico-romana una unión igualmente clara entre la obra del Espíritu Santo y la institución que proclama el evangelio.”
Más claro y preciso aún lo formuló Paul Tillich en 1942 en el primero y en el tercero de los siete principios protestantes:
“El protestantismo afirma la majestad absoluta de Dios y eleva una protesta profética contra cualquier exigencia humana –ya sea eclesiástica o profana – de conocer la absoluta verdad o de ejercer la absoluta autoridad.”
Y: “El protestantismo afirma la soberanía divina frente a las instituciones y dogmas de las iglesias cristianas y protesta contra todos los intentos de atar al mensaje cristiano a las formas de vida y ordenamientos de cualquiera de las iglesias históricas.”
Esta actitud básica se expresa en la fórmula “ecclesia semper reformanda est”, la cual se presume pertenece al teólogo holandés reformado Jodocus van Lodenstein (1620–1677).
IV. (Comprensión del cargo clerical)
Ya antes hice notar que con la “discrepancia fundamental” en la concepción de la iglesia se encuentra íntimamente relacionada una interpretación diferente de la función eclesiástica. Así como la magistratura y directriz papal de la iglesia se encuentra fundada en base a la cadena ininterrumpida de sucesores de Pedro como el primer obispo de Roma, a la llamada sucesión apostólica, así todas las funciones de ordenación de la iglesia, la función del obispo, del sacerdote y del diácono se derivan de esta sucesión. Según el convencimiento católico al respecto, los sacerdotes son investidos de una facultad especial en el sacramento de ordenación. Estas funciones sacerdotales son exclusivas del sexo masculino.
La iglesia “evangélica rechaza esta concepción de la función pastoral. Ésta en el caso de los protestantes es transferida por la congregación, de igual manera como parcialmente en la tradición que se rige según el Nuevo Testamento, otorga otras funciones como por ejemplo, la del diácono, del mayor de la iglesia, del catequista. A la transferencia de estas funciones se encuentran enlazados ciertos derechos y obligaciones; no obstante en esos casos se trata de derechos y obligaciones según la ley humana y no divina – “iure humano”, no “iure divino”. A los pastores a través de la ordenación se les confiere, al igual que a los sacerdotes católicos en la ordenación sacerdotal, un “character indelebilis” (una particularidad espiritual inextinguible), que les proporciona otra cualidad espiritual diferente a la de los laicos.
Acorde a la interpretación evangélica mediante el Santo Bautizo le es conferido al bautizado un “character indelebilis”. De esta manera todos los bautizados gozan de esta facultad. De esto se deriva la expresión “sacerdocio de todos los creyentes” que da lugar a interpretaciones erróneas, la cual no quiere decir que todos los cristianos son “pastores en potencia”, sino que todos los bautizados están facultados con la misma categoría espiritual.
Pero no todos los bautizados cuentan con una vocación interna o externa para la función sacerdotal o pastoral. La vocación interna naturalmente no puede ser comprobada desde el exterior. Esto en realidad no es diferente que en el caso del médico o profesor. Sólo puede convertirse en un buen médico o profesor quien cuente con una correspondiente actitud interna para esta profesión. No en vano las palabras profesión y vocación se interrelacionan íntimamente. La vocación externa para ejercer la función de la proclamación a través del sermón y el sacramento naturalmente es de otro tipo que la contratación de un redactor de periódico o de un gerente de sucursal del Supermaxi. No obstante, esta vocación depende de criterios muy similares relativos a la aptitud, ya que sucede tras una correspondiente preparación y luego de haber sido reconocida la respectiva actitud hacia la tarea.
La Reforma ha dado gran importancia al hecho de que las funciones pastorales sean ejercidas por personas preparadas. Por ello todos los pastores de las iglesias evangélicas clásicas tienen grados académicos. Esto, como se sabe, no es el caso en las iglesias evangélicas libres aquí en Ecuador. También en la iglesia católica tanto en este país como a nivel mundial en cada vez más casos se ordena como sacerdotes a muchos
hombres sólo preparados básicamente en el área seminaristica. Pero la ordenación les confiere, acorde a la interpretación católica, una dignidad espiritual que un pastor evangélico, aún siendo incluso consejero eclesiástico superior u obispo, no llegaría a tener. Porque a los pastores evangélicos la iglesia les confiere su cargo de acuerdo a una delegación respectiva. El poder divino, no obstante, no puede ser conferido por la iglesia según la interpretación evangélica, sino sólo el Espíritu Santo. Y nuevamente rige: Éste flota “ubi et quando visum est deo” – dónde y cuándo a Dios le complace – y no se puede disponer de él!
V. (El papa)
Según lo interpreta el catolicismo, el Papa es el sucesor legítimo del Apóstol San Pedro y como tal está destinado a ser el pastor principal de la iglesia. Se lo reconoce como el “Representante de Cristo en la tierra” y como tal dispone del “magisterio” de la iglesia; es decir, es la instancia superior en lo que respecta a la interpretación de la Biblia y a la decisión a tomarse en planteamientos doctrinales complejos. Sí, el Papa puede proclamar “ex cátedra” (desde la cátedra) nuevos dogmas, que adquirirán un carácter obligatorio para la iglesia católica.
Los evangélicos rechazan esta facultad estrictamente. Lutero tuvo buenas razones para dar validez sólo a la Escritura y al raciocinio en calidad de instancias en interrogantes y planteamientos doctrinales, ya que “también los Papas y concilios pueden errar”, lo cual probó en varias ocasiones. En la exigencia de autoridad del Papa que se convirtió en un dogma de su infalibilidad en el Primer Concilio Vaticano, ya se fundamenta la primera división profunda dentro de la cristiandad en el gran cisma del año de 1054, situación en la cual las iglesias ortodoxas se separaron de Roma. En la ortodoxia reina una igualdad de las iglesias autocefálicas es decir, de las respectivas iglesias independientes con un patriarca en la punta. Este tipo de iglesias son iglesias con un Superior propio, independiente de todas las demás iglesias. El patriarca de Constantinopla tiene una presidencia honorífica tradicional entre los patriarcas, pero no cuenta con la potestad de ordenar o de ejercer un cargo doctrinal de supremacía. Y existe entre los patriarcas de Moscú y de “toda Rusia” y el Superior eclesiástico bizantino tradicional en Constantinopla (Estambul, que hoy como ya desde hace siglos es musulmán), una competencia de larga duración por lograr ese rol directriz entre estas iglesias ortodoxas independientes. La Reforma encontró una de las mayores fuerzas impulsadoras en la potestad de primacía absoluta y monárquica otorgada al obispo romano en calidad de representante de Cristo en la tierra y en la instancia doctrinal absoluta - como también facultad absolutista de ordenar en la iglesia.
Hoy con seguridad no aprobaremos los preceptos de Lutero en contra del Papa. Éstos se referían en parte a situaciones inconvenientes reconocidas incluso en la actualidad por la iglesia católica como tales; siendo, empero, en su desmesura también producto del tenso temperamento de Lutero y exagerados en su principio fundamental. A este respecto hoy en día existe igualmente acuerdo entre la iglesia católica y la evangélica, así como también se han aclarado racionalmente las diferencias fundamentales que existen entre las dos iglesias: Las iglesias evangélicas no ven la continuidad de la iglesia en una sucesión físico-histórico-institucional de los obispos romanos, sino en la capacidad de acción efectiva de tipo espiritual de contingente, y no disponible del Espíritu Santo, en el cual el resucitado hoy actúa en nosotros en nombre de la proclamación y en el sacramento. Esto quiere decir: según entendimiento evangélico el Espíritu Santo no es comprobable en una institución como la iglesia, sino libre de tal manera, que un sermón puede obrar “inspiradoramente” y otro puede tener un carácter “falto de espiritualidad”. Y uno de los sermones obra de manera “creíble”, mientras al otro se lo interpreta no solamente como “carente de espíritu”, sino como “aniquilador de espíritu”. Y porque los evangélicos confían menos en la institución, se encuentran menos atados a ella como tal y más bien se fijan en el hecho de si sienten el culto como evento de una manera inspiradora, tradicionalmente la frecuencia de su asistencia al culto es lamentablemente mucho menor que la asistencia de los fieles católicos a misa.
La frase “Tú eres Pedro, sobre esta roca quiero edificar mi congregación” y la sucesiva capacitación con el poder esencial (Mateo 16, 18f.) se basa, a decir del reconocimiento bíblico-exegético (interpretativo) actual, en constelaciones sirias concretas. El poder esencial transferido en Mateo 16, 19 a Pedro (presumiblemente dirigido contra los fariseos), luego también en el mismo Mateo es transferido en el Capítulo 18, 18 a todos los apóstoles, quienes deben advertir a miembros pecadores de la comunidad. Si éstos no son razonables, deberán hacerse asistir por dos o tres testigos y si esto tampoco fructifica, presentar el asunto ante la asamblea comunitaria. “Sucesor” de Pedro puede ser entonces, en este sentido, sólo la congregación completa. El poder así llamado “poder esencial” de Pedro según Mateo 16,19 justamente de perdonar pecados o no, de unir o deshacer, luego es transferido en el evangelio de Mateo a toda la congregación sólo dos capítulos más adelante.
VI. (Adoración a los Santos)
Según interpretación de la iglesia católica la institución iglesia es una institución de salvación para otorgar la gracia dentro de una jerarquía religiosa ordenada. Posee el tesoro de la gracia, del cual deja participar a los fieles. Así es intermediaria de salvación. Dentro de esta intermediación se encuentran también María y los Santos. En una conferencia “Qué enseña la iglesia católica sobre las indulgencias?” con motivo del Año Santo 2000 Reinhard Knittel, Rector en St. Pölten, dice acerca del tesoro de la salvación de la iglesia: “No así como si el padecimiento de Cristo en sí fuera insuficiente, sino de tal manera que este padecimiento salvador sea integrado por cada uno de tal forma en su ser, permitiendo que éste se vuelva fructífero a través del actuar propio y personal, logrando así que nuevos bienes de gracia sean adquiridos adicionalmente. Así hay personas que dejan atrás un gran valor respecto al amor, al sufrimiento, a la pureza, que puede favorecer a todos los miembros del cuerpo místico de la iglesia. Estos bienes de gracia de Cristo y de los Santos conforman un “tesoro de gracia invalorable”, que es confiado en la tierra para su distribución a aquéllos que son sucesores de los apóstoles, así como éstos ya recibieron el encargo de Cristo de unir y deshacer autoritariamente, es decir, el poder esencial eclesiástico”.
Desde el Siglo X el Papa “beatifica” y luego “santifica” luego de largos procesos en Roma a ciertos cristianos especialmente destacados. Al beatificarlos, a estos cristianos o cristianas les puede ser rendido un culto público, localmente delimitado. Al ser santificados, se presume la beatificación anterior y el Santo o la Santa puede ser elevado en toda la iglesia católica mundial al “honor de los altares”. En esta resolución la iglesia es según interpretación católica, infalible.
En la fe popular católica la adoración a los Santos tiene un papel muy importante. Se invoca a los Santos como ayudas emergentes, al igual que a María, para pedir que intercedan ante Dios e implorar protección. En la Constitución No. 62 de la iglesia en el Segundo Concilio Vaticano se dice sobre María: “Ella es imagen y semejanza de la iglesia que se perpetuará en el tiempo terrenal que viene”, “la calidad de madre de María dura indefinidamente enla economía de la gracia”. “Recibida en los cielos, no ha desistido de esta tarea salvadora, sino que continúa ayudándonos a recibir los frutos de la salvación eterna a través de su variada intermediación”. Uno de los rezos a María más conocidos dice: “Nos refugiamos bajo tu protección, Santa Madre de Dios. Escucha nuestra oración en nuestras necesidades y no dejes de salvarnos siempre de todo peligro, o tú Santísima Virgen, nuestra mujer, nuestra intermediaria, nuestra intercesora. Condúcenos a tu hijo, recomiéndanos a tu hijo, preséntanos ante tu hijo. Amén.”
También la fe evangélica conoce personas que aparecen como testigos especialmente fieles de Jesucristo y sugiere su ejemplo. Puede tratarse también de Santos católicos como San Francisco de Asís. Incluso sin santificación muchos evangélicos reconocen en el Papa Juan XXIII a un testigo de fe así. Albert Schweitzer o Dietrich Bonhoeffer y muchos otros se honran en calidad de ejemplos de una vida cristiana.
Pero un ejemplo auténtico de fe para el creyente evangélico es sólo Jesucristo. Sólo él y la Sagrada Escritura, que lo atestigua, es el intermediario de la salvación. Según interpretación evangélica es sólo Dios el que santifica a las personas, al recibirlos en su gracia. La iglesia es, tal como lo dice la Confesión Apostólica de Fe “Comunión de los Santos” y se refiere a aquéllos que escuchan la palabra de Dios proclamada según la Sagrada Escritura.
Para los evangélicos no es aceptable resolución humana alguna en relación a la santidad de una persona. También nosotros recordamos a los fallecidos, pero no realizamos actos santos a su favor, ya que no podemos añadir ingrediente alguno a la obra de salvación de Cristo. También nosotros valoramos el papel de María como “instrumento” de Dios en el nacimiento del Salvador.
VII. (Sakramentos)
El culto en nuestra iglesia evangélica “El Adviento” por lo menos al primer domingo de cada mes, en que celebramos la comunión, en su desarrollo externo no se diferencia de la celebración de la eucaristía de todos los domingos en una iglesia católica. El hecho de que la celebración de la comunión se lleve a cabo sólo cada cuatro semanas, resulta muy raro para cristianos católicos y forma parte de las cosas en que el protestantismo se ha ido delimitando de la práctica católica con el tiempo. Hasta entrado el Siglo XVIII existían en las iglesias evangélicas confesionarios que se utilizaban también para la confesión auricular. Poco a poco se fue convirtiendo la confesión en un diálogo de confesión en la sacristía, desarrollándose hasta ser un diálogo de apoyo espiritual.
El que en la iglesia evangélica sobre todo se celebren cultos de palabra sin comunión, tiene sus razones en una distinta comprensión del sacramento, la cual a la vez tiene relación con la contradicción fundamental en lo concerniente a la interpretación eclesiástica antes extensamente detallada. El II. Vaticanum define a la iglesia como sacramento de la unión de las personas con Dios y de las personas entre sí (LG 1). La sacramentalidad de la iglesia se representa a la vez en los sacramentos.
La iglesia se define como “sacramento universal o fundamental”. Karl Rahner (1904-1984) escribe en “Iglesia y Sacramentos (QD 10, Freiburg 1961, 13,17f:) “Cristo es la presencia real histórica de la piedad divina finalmente …. La iglesia es … la continuación, la actualidad de esta presencia real de tipo escatológico del deseo de gracia divina en Cristo, finalmente triunfador y definitivamente instituido en el mundo. La iglesia es la presencia permanente de aquella palabra sacramental originaria de gracia infinita, que Cristo está en el mundo … el sacramento original.”
Los sacramentos entonces según la interpretación católica son la “representación de la sacramentalidad de la iglesia”. En la eucaristía celebrada por un sacerdote ordenado, los elementos pan y vino se transforman sustancialmente en cuerpo y sangre de Cristo. Este cuerpo se guarda bajo llave en el tabernáculo y es presentado en procesiones con su respectiva adoración. Según lo entienden los evangélicos, el pan y el vino no se modifican en su sustancia, pero Lutero daba mucha importancia al hecho de que Cristo se relaciona directamente con estos elementos al ser ofrecidos y en la acción de comerlos y beberlos.
Una comunión celebrada por un pastor evangélico para los católicos carece de calidad sacramental. Viceversa, no son admitidos los cristianos evangélicos a la comunión eucarística – no tienen participación en el “sacramento original” de la iglesia. Existen regulaciones excepcionales para ciertos casos emergentes o especiales.
Según la interpretación evangélica, los sacramentos en principio no poseen otra calidad que la palabra de Dios proclamada: Tanto en la palabra proclamada como en los signos visibles, Cristo se vuelve presente como el resucitado y viviente y se nos dedica para que nosotros lo podamos acoger dentro de nosotros en la fe. En los sacramentos esto sucede además de por la palabra, adicionalmente en una señal sensorial física, visible, posible de sentir y de probar. Consecuentemente el culto con comunión en principio no tiene un valor espiritual superior al culto de palabra, simplemente al culto con comunión le favorece la presencia de signos sensoriales que pueden ser de mucho valor para el creyente en vista que mediante la acción de comer el pan y beber el vino, se hace experimentable de manera sensorial: “Cristo se me presenta a mí, es a mí a quién a través de la palabra y el signo se le concede la gracia y el perdón de los pecados”.
Dentro de la iglesia evangélica existen concepciones diferentes entre los reformados y los luteranos en relación a la comunión, que durante el período de la Reforma motivaron una profunda división en el sector evangélico, debilitándolo en forma no imperceptible. La Reforma alemana salía de las ciudades y estaba impregnada de eruditos humanísticamente preparados y era apoyada por los Consejos de las ciudades libres del Reich. Este tipo de Reforma de alguna manera era más “abierto”, más “racionalista y democrático” que el luterano.
Martín Lutero era un monje, profundamente enraizado en el catolicismo místico en la estricta observancia del claustro. Su obra reformista era protegida por el Elector Friedrich, el Sabio. Así Lutero fue difamado como ala izquierda de la Reforma por parte de Thomas Müntzer y otros de similar pensamiento, tachándolo de “esclavo del príncipe”. Los reformados en el pan y en el vino sólo querían ver símbolos del cuerpo y de la sangre de Cristo. Para Lutero en cambio, era importante que el creyente al tomar la comunión pudiera tener la certeza de que al hacerlo, Cristo realmente se le presentara. En esto radicaba para él la seguridad de la fe. Él no representaba, como la iglesia católica, la doctrina de la “transsustanciación”, es decir de la transformación sustancial del pan y el vino en cuerpo y en sangre de Cristo. Pero la presencia real de Cristo en la comunión le era importante, por lo que se dividió de tal manera con el reformista de Zurich, Huldrych Zwingli en el diálogo religioso de Marburgo en 1519, que de ahí en adelante o atacó menos a los reformados que a Roma y al Papa mismo.
En la iglesia evangélica sólo se reconocen los dos sacramentos: Bautizo y Comunión que según fe bíblica fueron introducidos por Cristo. El perdón de los pecados, la función de unir y deshacer, también es delegada a la congregación por Jesús, pero no se relacionan con un signo. Por ello la confesión es tomada en el “Pequeño Catecismo” de Lutero hasta cierto punto como un sacramento a medias. A los otros actos vistos por la iglesia católica como sacramentos, a la confirmación, a la unción de los enfermos y al matrimonio, los evangélicos no les otorgan carácter sacramental, aunque también tienen su puesto dentro de la iglesia evangélica. El sacramento de la consagración de la iglesia católica es, por su naturaleza y como ya lo hemos visto, rechazado por el protestantismo.
VIII. (Doctrina justificativa)
Punto de partida original para las disputas que llevaron hace cinco siglos a la división de las iglesias evangélicas y católicas fue la interrogante acerca de cómo s perdonan los pecados de una persona. La contestación al respecto que dio Lutero y que saldría del estudio del Nuevo Testamento, principalmente de las cartas de Pablo, fue descrita como “Doctrina Justificativa”.
Un punto central en esto era la comprensión diferente del efecto de la gracia de Dios. Mientras supuestamente los creyentes católicos pueden acercarse tradicionalmente a la gracia divina a través de la práctica ritual y ética, en el caso de los protestantes ésta sigue siendo un regalo divino del cual el hombre no puede disponer, regalo que es ofrecido en el sermón y en el sacramento y recibido en la fe.
Esto lo evidencian los dos fundamentos reformistas “sola gratia“ (sólo por la gracia) y “sola fide“ (sólo por la fe).
En esta interpretación se acercaron mutuamente la iglesia católico-romana y la iglesia evangélica en los pasados decenios, lo cual el 31 de octubre de 1999 llevó a la firma solemne de una declaración conjunta de la curia (del Vaticano) y de la Asociación Luterana Mundial en relación a la comprensión de la doctrina justificativa. Esta se llevó a cabo en Augsburgo donde las posiciones evangélicas en el “Reichstag” en el año 1530 entregaron al Kaiser Carlos V la Confessio Augustana, el escrito fundamental de reconocimiento de la Reforma.
IX. (Nuevas Constelaciónes)
Las diferencias internas dentro del protestantismo ya se arreglaron, lo que se evidenció con la llamada Concordia de Leuenberg de inglesias reformistas en Europa el 16 de marzo de 1973 en forma solemne. Las iglesias luteranas, reformadas e iglesias unidas derivadas de éstas tanto como las iglesias pre-reformistas emparentadas, establecían a raíz de sus diálogos doctrinarios entre ellos la concepción mutua del evangelio y se garantizaban mutuamente unión eclesiástica, es decir, comunión en cuanto a la palabra y al sacramento. Esto incluye solidaridad en cuanto al sermón y a la comunión y el reconocimiento mutuo de la ordenación.
También existen intentos de acercamiento entre la iglesia evangélica y la católica. En esto hay, como hemos visto en la explicación conjunta en cuanto a la doctrina justificativa, avances. Pero también hay retrocesos como cuando el Vaticano se siente facultado para no aceptar que la iglesia evangélica tenga calidad de iglesia. A este respecto hay alguna información en nuestro boletín a la congregación.
Más allá de este plano oficial de diálogos doctrinarios existen de todas maneras en todas las confesiones “conservadores” que están muy impregnados de la tradición y que quieren permanecer ceñidos a ella y existen “progresistas” mesurados y radicales que quieren introducir innovaciones con cautela.
Peter Lengsfeld, un teólogo católico, dice que las diferencias actuales al escuchar la palabra de Dios están dentro de cada confesión, mucho más profundamente enraizadas desde “lo existencial” y que tienen mayor importancia para la significación cristiana que las doctrinas de controversia tradicionales. Él resume los siguientes grupos: “Los nuevos límites dentro de cada una de las confesiones se muestran a través de una concepción histórica de la revelación en las unas y a través de una concepción histórica de la realidad en las otras.- En ambas religiones existe un grupo mayoritario de cristianos – llamémoslos los conservadores – que sólo pueden hacer valer como verídico aquello, que según el contenido y la forma en que se describe, ha permanecido inalterable en todas las épocas. Para ellos la imposibilidad de transformación de lo declarado es un signo de verdad, incluso en el área de la fe. Para ellos la revelación es verdad bíblica y dogmática y con ello todo contenido de fe en principio relevado de la historia. Ellos hablan de la absoluta falta de relación entre la verdad y la historia.- En ambas confesiones existe también otro gran grupo que sigue creciendo, para el que justamente la capacidad de transformación histórica de la forma de declaración es un criterio de la verdad. Estos cristianos de ambas confesiones experimentan y entienden solamente aquello como verídico, que no siempre debe necesariamente ser declarado de la misma manera, sino que puede ser adaptado al mundo lingüístico e interpretativo moderno, es decir, lo que es susceptible de ser traducido y de ser reformulado. Ellos reconocen la verdad bíblica y dogmática, contenidos de revelación y de fe como algo dependiente de la historia y por ello susceptibles de ser traducidos.”(obrar ecuménicamente – con media fuerza? 1971, 18)
X. (Comunión Ecumenica)
“Doctrina separa, amor une”, decía el arzobispo luterano sueco Nathan Söderblom (1866-1931), uno de los iniciadores del movimiento ecuménico moderno y Premio Nobel de la Paz en 1930. En muchas congregaciones locales se practica un ecumenismo viviente. A veces esto sucede más intensivamente, que como aparece descubierto por medio de acuerdos oficiales de las directrices eclesiásticas. También en el plano oficial existen contactos intensivos entre la iglesia evangélica y la católica – en Alemania esto sucede de por sí ya por el motivo de que ambas iglesias cuentan aproximadamente con igual número de miembros. Se ha llegado a acuerdos en cuanto a la celebración ecuménica de matrimonios. Existe un trabajo conjunto muy cercano en las negociaciones con el Estado, en lo relacionado a las clases de religión, en lo concerniente a trabajo social, en cuanto al apoyo espiritual en cárceles y en el área militar, en el apoyo espiritual para personas que se encuentran en tratamiento. No se vislumbra una unión de las confesiones. Pero han existido acercamientos y los seguirá habiendo. La vida en común en un ambiente de diversidad reconciliable frecuentemente se logra bastante bien y seguramente tiene opciones de mejorar.
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